JAPÓN: EL PAÍS DEL SOL NACIENTE


Durante los últimos 100 años, Japón ha sufrido una gran variedad de cambios, gran parte de ellos por las consecuencias de la II Guerra Mundial. Tras las explosiones de las bombas nucleares en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, el país nipón se repuso a través de la cooperación entre el gobierno y la industria, una sólida ética de trabajo, el dominio de la alta tecnología y una asignación de defensa comparativamente pequeña (poco menos del 1% del PIB), que han ayudado a Japón a desarrollar una economía avanzada. 


Dos características notables de la economía posterior a la Segunda Guerra Mundial fueron las estrechas estructuras entrelazadas de fabricantes, proveedores y distribuidores, conocidas como keiretsu, y la garantía de empleo de por vida para una parte sustancial de la fuerza laboral urbana. 
Ambas características se han erosionado significativamente bajo la doble presión de la competencia global y el cambio demográfico nacional.

También ha tenido problemas internacionales, como por ejemplo la disputa de soberanía sobre las islas de Etorofu, Kunashiri y Shikotan, y el grupo Habomai, ocupadas por la Unión Soviética en 1945, ahora administradas por Rusia y reclamada por Japón, sigue siendo el principal escollo para la firma de un tratado de paz que ponga formalmente fin a las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial.


La Constitución de Japón, que entró en vigor en 1947, se basa en tres principios: la soberanía del pueblo, el respeto a los derechos humanos fundamentales y la renuncia a la guerra. La Dieta, parlamento nacional de Japón, es el órgano supremo del poder político y único órgano del Estado con poder legislativo.

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